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Aquilino Girón puntúa entre la dureza de Monteviejo
10 Septiembre 2018Villaseca de la Sagra (Toledo), 5ª de Feria. Tres cuartos de plaza. Novillos de Monteviejo, bien presentados aunque de desiguales hechuras. Conjunto de áspera condición a excepción del bravo y encastado sexto. El más complicado, el marrajo segundo.
Alejandro Fermín, saludos y saludos.
Juan Carlos Carballo, saludos tras aviso y
Aquilino Girón, saludos tras aviso y oreja.
El último festejo del Alfarero de Oro tuvo como protagonistas a los novillos de Monteviejo, los ‘patasblancas’ que cría Victorino Martin.
El primer utrero cumplió en varas sin más y no terminó de desplazarse y romper hacia adelante en la muleta de Alejandro Fermín. El extremeño se mostró valiente y firme de plantas y robó algún muletazo de mérito. Tras una estocada caída saludó una ovación.
El segundo fue una auténtica alimaña. Desde el tercio de banderillas se orientó y embistió siempre midiendo a los toreros de plata. Cuando llegó a la muleta de Juan Carlos Carballo empeoró aún su condición. Aquello fue un toma y daca entre la indomita condición del novillo y el instinto de supervivencia del novillero. La ovación final recompensó el esfuerzo de Carballo.
El tercero trajo otras hechuras más reunidas y pese a que nunca se entregó en los engaños, no tuvo las aviesas ideas del anterior. Aquilino Girón solventó la papeleta con suficiencia pero sin brillo.
Alejandro Fermín se fajó de nuevo con un cuarto reservón que siempre se guardaba el arreón con el que acudía a los engaños. Labor asentada de plantas y de novillero cuajado al que nunca se le vio con el agua al cuello pese a las complicaciones de su oponente. Otra ovación recompensó el conjunto.
La lidia en los primeros tercios del precioso berrendo que hizo quinto se hizo complicada después de la cogida de Aquilino Girón en un intento de quite y de un desvanecimiento de un aficionado en el tendido. Tardó la gente en entrar en el meritorio trasteo de Juan Carlos Carballo, que nunca volvió la cara y fue desgranando series de intensidad creciente, sobre todo por el pitón derecho. Con todo a favor, Carballo pincho en varias ocasiones y la posibilidad de tocar pelo se esfumó.
Salió Aquilino de la enfermería para dar cuenta del sexto, un utrero que tomó tres varas con bravura. Alegre en la distancia y recargando en el peto. Después tuvo encastada exigencia el de Monteviejo. El novillero siempre se mostró dispuesto pese a su precaria técnica. Lo mejor, sin duda, el gran volapié con el que tumbó al novillo. La oreja compensó el esfuerzo. EFE
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